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La muerte de Franco Macri, uno de los empresarios más importantes de la Argentina contemporánea

DIARIO DE SALTA.- Franco Macri falleció a los 88 años. Tuvo una vida plena y vivió lo suficiente para ver a su hijo llegar a la presidencia del país que lo adoptó y en el que logró convertirse en uno de sus empresarios más destacados.

Murió en su casa de Barrio Parque, la misma en la que en los noventa ofreció junto al entonces ministro José Luis Manzano, una conferencia de prensa para anunciar que su hijo Mauricio había sido liberado sano y salvo de aquellos que lo tenían secuestrado. Fue el inicio del pase a la actividad pública de su primogénito, hasta ese entonces un empresario más conocido por su fama de playboy que por su potencial como figura política.

Franco fue un visionario y un hombre de acción. Dejó una marca indeleble en la Argentina contemporánea. Hombre de mil facetas, construyó un imperio, lo vio derrumbarse y al mismo tiempo testigo de cómo su hijo se convertía en presidente. Fue el patriarca de una familia del poder que no estuvo exenta de los desencuentros que toda gran familia tiene.

En su momento con buenos vínculos con la dictadura militar, tuvo la astucia o la visión para cobijar a un grupo de políticos peronistas: Carlos Grosso, José Manuel de la Sota y José Octavio Bordón, fueron algunos de sus pupilos, cuando vincularse con peronistas era peligroso. El regreso de la democracia le confirmó que había apostado bien. Y ganó en grande. Con Grosso fue el gran contratista de la ciudad, con Manliba se quedó con la recolección de basura y con Siemens-Itron con el sistema de rentas. Todas terminaron mal.

Con Menem inició un período de idilio, que tuvo su apogeo en el mega proyecto de lo que hoy se conoce como Autopista del Sol, la nueva panamericana que generó la explosión de countries de la zona norte. Pero el atraso del dólar los fue distanciando. Franco, cuando todos los empresarios del país apoyaban al riojano, marcaba que la paridad uno a uno estaba destruyendo el potencial industrial de la Argentina y favoreciendo a Brasil. Tenia visión global.

Franco Macri en un acto de su hijo cuando era jefe de Gobierno junto a Nuria Quintela, uno de sus últimos amores.

Fue uno de los primero empresarios argentinos en entender el fenómeno de China, al punto que en la potencia asiática lo nombraron embajador especial. Un honor reservado para pocos. Creador de Sevel, que unía a Fiat y Peugeot, intentó regresar al negocio automotriz de la mano de los chinos, con menos fortuna.

En sus años dorados llegó a tener el grupo empresario más grande del país, con importantes operaciones en Brasil, en especial en San Pablo donde manejaba una extensa red de autopistas, entre otros negocios. En efecto, en su momento de gloria el holding Socma, abarcaba prácticamente todos los resortes centrales de la economía, desde las finanzas en asociación con la Banca Nazionale del Laboro, pasando por la pionera Pago Fácil, hasta la gran obra pública con Sideco Americana.

En buena medida hizo de Punta del Este esa meca de argentinos adinerados que es hoy. Creó el complejo Manantiales donde pasaba los veranos con toda su familia y transitaban por las tapas de las revistas. Mezclaba glamour con parentela italiana, en un blend tan argentino como el dulce de leche. Expansivo y alegre era el anfitrión de las famosas fiestas de año nuevo, en las que su hijo Mauricio no se destacaba por su simpatía. Mujeriego, tuvo grandes amores y casi todas recuerdan su generosidad.

Pese a su mirada industrialista, con Néstor Kirchner nunca logró sintonizar en serio y en el arranque chocaron por la concesión del Correo Argentino, que el ex presidente le quitó acusándolo de deber al Estado cientos de millones de dólares. Marcó así el inicio del declive del grupo, del que nunca más logró recuperarse. Con el paso de su primogénito a Boca y después a la política, se quedó sin sucesor. Intentó un relevo con su sobrino, Angelo Calcaterra, pero como todo hombre que se hizo de la nada, nunca logró soltar el comando de control, obstaculizando, acaso sin buscarlo, su propia sucesión.

“Si lo de Mauricio es sorprendente, lo de Franco es extraordinario. Llegó a la Argentina a los 18 años sin siquiera hablar el idioma y logró construir el grupo empresario más grande del país”, recuerda un empresario que lo conoció en sus mejores años.

Su historia acompañó las ondulaciones de un país que acumula más fracasos que éxitos y para bien o para mal, Franco metió al apellido Macri en la historia argentina.

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