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Embajada de Israel: A 27 años del atentado nadie dice la verdad  

Se trató en ambos casos de parte de una venganza de Siria por promesas incumplidas del propio Carlos Menem

EL DIARIO DE SALTA.- Igual que en el caso de AMIA, en el caso del atentado a la embajada de Israel persisten mentiras que se agitan a viva voz. Aún a 27 años de ocurrido ese hecho.

Se asegura que se trató de una escisión de la pelea entre árabes y judíos en medio oriente, que fue pergeñado por iraníes y que fue cometido por una camioneta-bomba. En este caso una Ford F100. Nada de Trafics.

Todo ello es falso: el expediente judicial demuestra que: 1) Nada tiene que ver con la interminable puja que ambos grupos semitas llevan adelante en medio oriente; 2) No hay evidencia que comprometa a ningún iraní y; 3) No hubo coche bomba.

Debe prestarse atención a un hecho puntual y sugestivo: tanto en los atentados a la embajada como a la AMIA, las sedes en cuestión estaban en refacción. Ello facilitó el ingreso de explosivos. En el primer caso, se trató de exógeno; en el segundo, de nitrato de amonio.

La trama ya la he contado infinidad de veces, sobre la base de la entrevista a más de 50 fuentes de información: se trató en ambos casos de parte de una venganza de Siria por promesas incumplidas del propio Carlos Menem.

Todo arranca en el año 1988, cuando este último venció en las internas del PJ a Antonio Cafiero. Necesitado de dinero, el riojano fue a ver al presidente sirio Haffez Al Assad, quien le facilitó varios millones de dólares.

A cambio, le pidió blanquear ciertos capitales vinculados al narcotráfico; también la facilitación de un reactor nuclear. Y si bien en un principio Menem dijo que sí, luego se arrepintió. Prefirió alinearse con Estados Unidos.

Ello provocó el primer bombazo, el del 17 de marzo de 1992; luego el atentado del 18 de julio de 1994 y, finalmente, la muerte de su hijo, el 15 de marzo de 1995. Los «tres golpes», típica venganza árabe que siempre culmina con la muerte del primogénito en cuestión.

Cuando ocurrió lo de la embajada, hace ya 27 años, estaba en Buenos Aires el narcoterrorista Monzer Al Kassar, ministro sin cartera de Siria. Su paso quedó registrado en un expediente que publiqué en el año 1996 en mi libro «La mafia, la ley y el poder». El documento fue cajoneado entonces por funcionarios del menemismo.

Fueron los mismos que decidieron que jamás se investigaría la «pista siria«. Y los que pergeñaron la falaz pista iraní, de la cual no hay un solo registro en todo el expediente judicial.

De hecho, en el juicio por encubrimiento del atentado a la AMIA que se llevó a cabo en los últimos meses, varios funcionarios del menemismo fueron condenados por dejar de lado aquellos elementos que apuntaban a Siria.

Es curioso, porque a pesar de ello muchos insisten en hablar de Irán. Como si fuera un dogma de fe.

Pareciera una cuestión de sentido común: el haber descubierto la verdad, a Mario Cimadevilla le costó caro. Fue eyectado de su cargo al frente de la Unidad Especial AMIA luego de descubrir que debía investigarse la «pista siria» y dejar de lado la «pista iraní».

A esta altura, está más que claro que hay ciertas verdades que jamás deben ser reveladas.

Fuente: www.mendozapost.com

www.eldiariodesalta.com

 

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