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Yo recuerdo: El 3 de Mayo, cuando se celebraba la Fiesta de la Cruz

EL DIARIO DE SALTA.- Ya extinguida como fiesta popular, el día 3 de mayo se celebraba –y aún se denomina así- la “Fiesta de la Cruz” o “El Día de la Cruz”. Era una celebración religiosa que reunía a todo el pueblo salteño a los pies del Cerro San Bernardo donde se congregaban miles de fieles que peregrinaban hacia la cima del Cerro a honrar la Cruz que allí se encuentra.

Los orígenes de esta fiesta se remontan al inicio del siglo XX, cuando con motivo de la llegada del año 1900, el entonces obispo de Salta (Aún no era Arquidiócesis) Matías Linares y Sanzetenea mandó instalar una cruz en la cima con la inscripción “Cristo Vive, Reina e Impera”. Las crónicas cuentan de los esfuerzos de los obreros del “Círculo de San José” para trasladar hasta ese emplazamiento el pesado madero, habida cuenta de que no existían entonces caminos como los que actualmente se conocen.

una procesión que partió de la puerta de la Catedral Basílica formada por una multitudinaria concurrencia llevó la cruz mientras tañían todas la campanas de las iglesias de la ciudad de Salta.

Así quedó instituida aquella fiesta que llegó a ser día feriado en Salta. Por la proximidad de nuestra casa paterna con el Monumento a Güemes pudimos observar durante años cómo se desarrollaba aquel evento y también cómo fue desapareciendo.

La noche anterior ya comenzaban a pasar familias enteras que venían caminando desde los barrios más alejados de la zona sur portando todos los atavíos necesarios para “pasar el día”. Eran pequeñas procesiones domésticas, donde el padre de familia o al menos un hombre siempre iba delante, llevaban una parrilla envuelta en papel de diario atado con hilo y en la otra mano una bolsa con la carne, el carbón y una botella de vino. Detrás la mujer se afanaba para portar sendas bolsas con verduras y otras vituallas y cerrando aquel cortejo los niños. En su gran mayoría era gente muy humilde la que subía a cumplir con aquella devoción que se mantuvo vigente hasta entrada la década del setenta del siglo pasado.

Los alrededores del Monumento al General Güemes se poblaban de vendedores de toda clase, desde los que ofrecían manufacturas dulces hasta carnes asadas, en el medio de todo. Aquello en la base del San Bernardo tenía más de celebración pagana que de fiesta religiosa.

Hacia la medianoche se encendían los primeros fuegos para el asado: “pa calentarse en la noche”. Pequeños campamentos florecían entre la floresta del Monumento donde los niños dormían sobre las faldas de las madres y los hombres se dedicaban a “quemar” (ingerir alcohol) para combatir el frío.

A eso de las ocho o nueve de la mañana los promesantes comenzaban a subir el Cerro San Bernardo por el sendero de las Estaciones. Algunos, llegados durante la mañana acampaban entre los árboles y allí improvisaban su asado. Desde abajo se podían ver las columnas que escapaban entre el entonces tupido follaje del Cerro que denunciaban los puntos donde se estaba cocinando algo. En la cima se notaba la multitud de salteños que tras orar y dejar alguna ofrenda se dedicaban a ver la ciudad.

Hasta las tres de la tarde comenzaba el descenso. En la memoria guardo la imagen de un soldado conscripto que “bajaba” los últimos tramos desparramado entre las piedras que hacían las veces de un tobogán mientras blandía en lo alto una botella de vino. Revolcado el hombre al final de la caída, se puso de pie y avanzó vaya a saber Dios hacia dónde; eso sí, con la botella intacta.

Para la noche ya no quedaba nadie en aquella escena tan folklórica donde había guitarra, cuentos y oración.

Todavía, en los inicios del siglo XXI algunos pocos salteños todavía conservan y practican aquella tradición que la modernidad se ha llevado a la noche de los tiempos.

Por: Ernesto Bisceglia

Para: El Diario de Salta

www.eldiariodesalta.coom

 

 

 

 

Cuenta la historia que hace ya más de un siglo el obispo de Salta había dispuesto que en enero de 1901 se instalara una estatua del Cristo Redentor en la cima del Cerro San Bernardo, para dar así la bienvenida al nuevo siglo. Por distintas circunstancias la estatua no arribó a tiempo y se resolvió en su lugar instalar una cruz de madera. Así, el 1° de enero de 1901 a las cuatro de la tarde una procesión multitudinaria partía desde la catedral hacia la cumbre en medio del tañido de las campanas de todas las iglesias de la ciudad, iniciando una tradición que aún se mantiene. A fines de 1903 finalmente la estatua del Cristo llegó a la cumbre, pero ya los fieles habían adoptado la cruz para la celebración de la Fiesta de la Cruz.

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