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Eva Perón, esa mujer vil y sublime

EL DIARIO DE SALTA.– Amada hasta el paroxismo y odiada hasta la perversión, porque solamente un perverso pudo pintar solapado en las sombras aquella infame frase: “Viva el cáncer”.

Amada hasta el paroxismo y odiada hasta la perversión, porque solamente un perverso pudo pintar solapado en las sombras aquella infame frase: “Viva el cáncer”. Pero es a partir de esta expresión despojada de toda piedad que se puede analizar la figura de la mujer más significativa del siglo XX, que junto al “Che” Guevara es uno de los mitos argentinos, aunque la distancia con el guerrillero rosarino sea superlativa, porque el “Che” fue un asesino y Eva Duarte contribuyó a su modo a dignificar la política social.

Su figura es excluyente porque constituye una de esas personalidades frente a las cuales no cabe la indiferencia y dejan una huella tan profunda en la historia que aunque los hombres y los años se empeñen en borrar provocan el efecto contrario, resurgen cada vez con mayor brillo según sean una y otra vez estudiadas. La historia pule de errores a los mitos y agiganta sus virtudes y salvo quienes ahonden con ánimo destructivo podrán exponer de esta mujer tachas y cataduras morales. Porque al fin, si las tuvo eso demuestra su humanidad.

El odio visceral que le tuvieron sus enemigos contribuyó a engendrar más y quizás mejores peronistas. La repulsión que le profesaron los llevó a ser más viles que lo que de ella predicaban ya que no les bastó mancillar su honra en vida, su memoria en muerta y como la Inquisición medieval pretendieron predicar el escarmiento profanando sus despojos embalsamados. Fue, en cierto modo, la primera “detenida-desaparecida”, porque hurtaron su cadáver y lo escondieron con la venia de algunos purpurados como ha demostrado la historia.

La virulencia de sus discursos y la descalificación de sus opositores como “alimañas” que se escondían en sus “guaridas asquerosas” sin privarse incluso de llamarlos “vendepatrias”, no era más que una forma de estar a la par con aquellos que la tildaban de “ramera”, “trepadora” y vejaban sin vacilación su femineidad.

Por eso para establecer una relación de equilibrio en el análisis hay que situar al personaje en su época y su contexto; y éste estaba presidido por la intolerancia y los odios se podría decir raciales que conservadores y pueblo llano se profesaban. Hay que estudiar la infancia de pobreza, discriminación e ilegitimidad de donde provenía Eva Duarte para comprender –no justificar- sus reacciones. Demasiado resentimiento social que pudo desaguarse en obras y beneficios para los que menos tenían, aunque los procedimientos en muchas ocasiones no hayan sido tan pulcros. Pero qué era pulcro entonces, si los cultos hombres que derrocaron al peronismo no titubearon en proscribir, censurar y hasta fusilar.

Tampoco hay que llamarse a engaños, si Eva Duarte hubiese estado viva en 1955 no es arriesgado decir que el país hubiera terminado en una guerra civil que quizás ella presentía por eso compró aquel cargamento de armas que entregó a la CGT para que armaran milicias populares. Tal vez, la muerte a tan temprana edad haya librado a la Patria de un baño de sangre de consecuencias inimaginables entonces. Esa joven muerte ya estaba justificada con su obra que no se agota en la ayuda social sino en el hecho de que había servido para impregnar el tejido social y político con el concepto cabal de lo que era la Justicia Social.

Dirán que fue demagogia y diremos que sí, pero la faz de la República cambió y en la Argentina por primera vez en su historia los que menos tenían se sintieron que eran más humanos.

Podríamos escribir páginas para ensalzar la figura de esta mujer y otras tantas para denigrarla, pero a esta altura al país le queda aprender a tomar lo mejor de sus grandes muertos, lo demás es paja de la historia porque los “gorilas” y “conservas”, los “contras” lo mismo que sus “queridos descamisados” en su mayoría yacen bajo las lápidas sólo rindiendo ante la Justicia Divina sus aciertos y sus errores.

Por un tiempo más todavía seguirá siendo para algunos “la Eva” y para la inmensa mayoría “Evita”, casi santa y mártir de la causa del pueblo. Esa, en todo caso, ya es una discusión bizantina.

Quedan los hechos de aquel gobierno peronista que ella contribuyó a forjar, la industrialización que trajo un nuevo mercado de trabajo asalariado al cual se integró la mujer. El fin de un sistema corrupto y abiertamente fraudulento fundado en el voto cantado, las conquistas sociales, los convenios colectivos, el Estatuto del Peón de Campo, las jubilaciones. Los hogares temporarios para ancianos y mujeres desamparadas.

La Fundación Eva Perón construyó hospitales, asilos, escuelas, colonias de vacaciones, otorgó becas para estudiantes, ayudas para la vivienda y promoción de la mujer en diversas facetas. Los famosos Juegos Infantiles Evita y Juveniles Juan Perón, en los que participaban cientos de miles de niños y jóvenes de sectores humildes, que a la vez que promovía el deporte permitió también realizar masivos controles médicos.

Todavía quedan en pie el complejo habitacional “Ciudad Evita” en el Partido de La Matanza y La República de los Niños en Gonet (provincia de Buenos Aires).

Una conquista extraordinaria fue la igualdad jurídica en el matrimonio y la patria potestad consagrados en el artículo 37 (II.1) de la Constitución de 1949, texto que fue escrito directamente por ella y luego derogado por la revolución de 1955 que reinstaló la prioridad del hombre sobre la mujer; garantía constitucional que tampoco la reforma constitucional de 1957 tuvo en cuenta y la mujer permaneció discriminada legalmente hasta 1985 cuando en el gobierno de Raúl Alfonsín se dictó la ley de patria potestad compartida.

Los 10 Derechos de la Ancianidad: asistencia, vivienda, alimentación, vestido, cuidado de la salud física, cuidado de la salud moral, esparcimiento, trabajo, tranquilidad y respeto, también derogados en 1956 y que nunca más volvieron a tener jerarquía constitucional.

De todas estas conquistas sociales la más significativa fue la alcanzada el 9 de setiembre de 1947, la ley 13.010 que estableció la igualdad de derechos políticos para la mujer y el sufragio universal.

Un día como hoy de 1919, en Junín, nacía Eva María Duarte, bautizada en la Capellanía Vicaria de Nuestra Señora del Pilar, «hija natural» de Juan Duarte y Juana Ibarguren.

Hoy el mito cumple cien años.

 

Por: Ernesto Bisceglia

Fuente: Diario Global

www.eldiariodesalta.com

 

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