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Pasión, muerte y responsabilidad del periodismo argentino

EL DIARIO DE SALTA.- La Patria se fraguó desde las plumas antes que desde las armas. Desde aquel primer periódico de título grandilocuente, el “Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata”, publicado por Francisco Antonio Cabello y Mesa, donde plasmaron sus primeras ideas revolucionarias, Juan José Castelli, Luis José Chorroarín, Domingo de Azcuénaga, el Deán Gregorio Funes y el propio Manuel Belgrano, a la fecha, ha corrido demasiado tinta… y sangre también.

El periodismo fue revolución y resistencia durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas; desde el exilio Domingo Faustino Sarmiento habló de libertad de prensa, Juan Bautista Alberdi concibió en sus artículos el espíritu de la Constitución Nacional, Esteban Echeverría fundaba un “primer sindicato” en la Asociación de Mayo donde se discutían “cuestiones saludables a la Patria”. El mismo Justo José de Urquiza llevaba en sus expediciones una imprenta volante para publicar un periódico.

Durante las Presidencias Históricas, Bartolomé Mitre fundó “Los Debates” donde se diseñaba el país moderno que pretendía, junto a Alsina y el propio José Hernández que concibió en notas las primeras leyes de la legislatura porteña.

Los gráficos protagonizaron la primera huelga que recuerda la historia sindical argentina y el periodismo animó la Revolución del Parque que determinó la Ley Sáenz Peña que consagró el voto universal, secreto y obligatorio. Leopoldo Lugones habló patria y nacionalismo, combatió a los socialistas. Es el tiempo del mítico diario Crítica.

El peronismo entendió el poder de la prensa y coptó periodistas y medios, y los que no pudo los expropió o simplemente los cerró. Allí se formaron los primeros grupos empresarios que le dieron otro cariz al periodismo combativo que se convirtió en corporativo. De la mano de Eva Perón nació la televisión y junto a la prensa escrita y la radio dieron forma al multimedio.

El periodista dejó de ser tal para convertirse en el “formador de opinión”, la moderna expresión del sicario que defendía o defenestraba a sueldo; célebres ejemplos de esto fueron Bernardo Neustad y Mariano Grondona.

La tecnología apuró tiempos y la noticia se transmitió en tiempo real, llegando en ocasiones a corporizar una situación virtual en una época donde “todo es posible” para honrar al dios raiting.

Hoy, el periodismo se ha convertido en la infantería de la política, es la avanzada de las operaciones disparando el rumor y si es necesario la falsedad mediante las “fake news”. Todavía más, es también ilusionista descifrando la “pos verdad”.

Frente a una crisis avasallante de todo cuanto significa moral, ética, valores humanos, relevancia espiritual, el periodismo manejado por las grandes corporaciones se asocia hasta de manera indecente animando a que lo procaz, lo violento, lo deleznable, sea lo consumible.

La crisis es una oportunidad de cambio y todavía subyace entre el pueblo ese espíritu revolucionario, combativo, patriótico y edificante en plumas que libran desde trincheras solitarias la gran batalla del Armagedón mediático. En esos intersticios donde laboran plumas inagotables, bruñidas en luchas diarias, allí, como semillas esparcidas entre rocas germinan las esperanzas de un pueblo que todavía piensa que es posible consolidar un país sustentable, posible y verdaderamente democrático.

El ejemplo sarmiento de la resistencia debe animar a esos espíritus rebeldes al sistema para decir con él aquellas palabras del “Facundo”: “Arma ninguna nos es dada a los combatientes de la libertad, excepto la prensa ¡La prensa libre!”

Por: Ernesto Bisceglia

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