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Murió Fernando De la Rúa: Otro presidente radical y honesto

EL DIARIO DE SALTA.- Con el fallecimiento de Fernando De La Rúa se va otro presidente del cual historia no tendrá que consignar su paso frente a los Tribunales por cuestiones dolosas. Se va otro presidente al cual se le podrán facturar errores y desaciertos, tal vez falta de carácter para enfrentar una coyuntura política compleja, pero jamás se le podrá recriminar que se llevó un solo peso de los argentinos a su bolsillo.

Fue un hombre de significativa preparación intelectual y de aquellos podía exhibir no sólo una militancia extensa dentro de su partido, la Unión Cívica Radical, sino además un “Cursus Honorum” que jalonaba su camino hacia el Sillón de Rivadavia.

Como legislador fue autor de importantes leyes y el primer Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En momento en que el país había caído en desgracia y enfrentaba el tener que pagar los costos de la fiesta menemista, De la Rúa se presentaba como opción más conveniente. Los argentinos deseaban un presidente con un tono más clásico, alejado de aquel “play boy” liberal que representaba Carlos Menem; “Dicen que soy aburrido”, fue la frase que marcó su campaña.

Pero la Argentina ya había caído en las manos de los intereses foráneos, los grupos económicos, aquellos que le habían incendiado el país a Raúl Alfonsín, en el nefando contubernio con los sindicatos y el sector siempre conspirativo del peronismo volvieron a ejecutar el protocolo de impedir gobernar.

Los que lo habían acompañado en la Alianza, prefirieron alejarse en lugar de acompañar la lucha contra una corrupción que había anidado en el mismo seno del gobierno, que mostró su rostro cuando estalló el escándalo de las coimas en el Senado, por ejemplo.

Solo, sin capacidad de reacción y sin el carácter suficiente para ejecutar los cambios que el momento requería la situación se le fue de las manos. Prefirió renunciar antes que ver cómo el país se incendiaba por completo. Y aquella imagen del helicóptero despegando de la Casa Rosada quedará para los tiempos más que como la derrota de un presidente, como la señal de que en la Casa Rosada sólo sobreviven los que pactan con los grupos económicos que se adueñaron del país.

Ha muerto un presidente argentino, se va en paz, acompañado de sus silencios pero sobre todo, con las manos limpias, con la frente alta, precedido por sus pares radicales, Arturo Frondizi, Umberto Illia, Raúl Alfonsín, todos, con él, hombres que trataron de cumplir su juramento como presidente sin haber lucrado con la función en beneficio personal.-

Por: Ernesto Bisceglia

 

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