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Del asentamiento a la subversión social: La izquierda reaccionaria quiere la toma del poder

Hay que fortalecer al municipio, a la provincia y al Estado nacional para garantizar la vigencia de los valores democráticos

EL DIARIO DE SALTA.-  América Latina parece revivir otro ciclo de avance marxista, esta vez corporizado en el chavismo bolivariano y sostenido ideológicamente por una Cuba resiliente en materia de contaminación regional.

Los tiempos cambian pero la metodología continúa siendo la misma, la violencia como eje de la acción política, si acaso así se puede llamar a estas acciones que en todas partes buscan sólo la desestabilización del orden social y la confusión política.

Si una lectura puede quizás hacerse para responder al porqué de estas acciones que como “brisa boliviariana” –Diosdado Cabello dixit- comienza a extenderse, se podría apuntar la nueva colonización imperialista que también se viene dando en Latinoamérica.

En los 60/70 del siglo pasado se trató de ganarle espacio al avance de una Norteamérica que venía triunfante de la Segunda Guerra Mundial mediante la captación de jóvenes nihilistas que luchaban contra el sistema. La influencia del Mayo Francés, de la Primavera de Praga y de la toma de la Universidad Nacional de México operaban en Sudamérica como metas a lograr que en cierta forma se vieron patentizadas con el Cordobazo del ’69 en Argentina.

Ahora, en el siglo XXI la colonización imperialista se hace más cruda y ya no va por las mentes sino por los recursos. Sudamérica tiene lo que el mundo está perdiendo: tierra, agua, alimentos, litio, oro, cobre, climas, etc. Si mañana volara el Medio Oriente, parte de Rusia, China y Estados Unidos, Sudamérica sería aquel “Continente de la Esperanza” que ya supiera señalar San Juan Pablo II.

El arma para combatir esta neocolonización es la izquierda que siempre opera como la mano de obra desesperada, la carne de cañón que agita, destruye, incendia y muere.

El problema es que esta izquierda no analiza, no piensa, no construye sino todo lo contrario, genera un caos que termina siendo funcional a la derecha y a los totalitarismos. De hecho, preparan siempre el camino de las dictaduras.

Pero no comprenden ni lo harán porque su objetivo es una revolución sin solución, sin fines ni propósitos. Sólo hay que destruir al sistema y sus métodos varían desde movilizar familias indigentes para producir un asentamiento hasta volar un edificio: en el camino todo sirve, todo es revolucionario.

La única manera de luchar contra estos grupos fanatizados es fortalecer las instituciones democráticas. Fortalecer el municipio, la acción de gobierno provincial y por supuesto el Estado nacional. En ese orden hay que trabajar para afianzar los valores de la Constitución Nacional, única manera de “afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad…”

Por: Ernesto Bisceglia

www.eldiariodesalta.com

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