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Paco: «Para el adicto pobre es suicidio o cárcel»

Susana González, de Madres Contra el Paco, aseguró que la ayuda estatal es insuficiente. + - A a

Cuando uno nombra a Susana González, más de una persona la conoce. Es una de las referentes históricas de Madres de Lucha Contra el Paco. La enfermedad que su hijo padece la impulsó a enfrentarse a una lucha que hoy, a 12 años, sigue manteniendo. De noche se toma colectivos con su marido, expolicía, para recorrer «los movimientos» de los barrios más complicados por el consumo de droga. Barrio 20 de Junio «es un carnaval, te parás en la Tavella y ves cómo vienen del bajo o de la ruta 26 cuando salen de Solidaridad», repasa movimientos que asegura están a la vista de todos.

«No vi que hagan como en Buenos Aires, que vayan con la topadora a tirar abajo los quioscos (de droga). Mi marido se enoja y va a los insultos cuando ve a los que le joden la vida a nuestros hijos», afirma Susana en un «día bueno» en el que puede recibir a la prensa. Hace más de un año se somete a diálisis a la espera de un trasplante de riñón, por lo que tiene días mejores que otros. Su enfermedad, asegura, se debe a esta problemática que aqueja a su familia. «El médico me dijo que debía echar a mi hijo de mi casa», cuenta. Sin embargo, luego de robos incesantes, de noches sin saber dónde estaba su hijo, ella continúa a su lado. «Ahora tiene 27 años y hace changas, tiene recaídas», cuenta. En sus palabras, si bien hay cierta tristeza, cuando recuerda lo que le pasó a los hijos de las otras madres, su caso se vuelve más pequeño. «Norma logró sacar a su hijo de la droga, para que venga otro adicto y un día lo mate», relata la mujer.

Las madres

Las Madres Contra el Paco llegaron a ser 150, mantuvieron reuniones con diferentes políticos, recorrieron medios, se reunieron con organizaciones. «En el 2008 cortábamos la ruta, y ahí el comisario Sosa recién mandaba los patrulleros a Solidaridad, hacían un espectáculo con helicópteros, dejábamos de cortar la ruta y todo volvía como antes», rememora.

Hoy están atomizadas y llegan a ser 30. Susana asegura que cuando lograron tener visibilidad, por un lado las utilizaron políticamente, por otro, algunas de ellas cedieron con los reclamos a cambio de algún trabajo en organismos públicos, acorraladas por la necesidad. «No necesitamos un plan social», señala y agrega: «Necesitamos las soluciones para el padecimiento de nuestros hijos». Soluciones que las divide en diferentes puntos, una de ellas es legal: que haya penas más duras para el microtráfico. «Meten preso al hijo, pero sigue vendiendo el padre», advierte. También que las fuerzas de seguridad unifiquen criterios, «llamás al 911 y te dicen que vayas a Drogas Peligrosas, donde asegura que hace mucho no las atienden. Otro de los factores que asegura que las fuerzas de seguridad debe combatir, son las «coimas de los policías».

Por el lado de la atención de adictos, señala que las ofertas públicas no son «suficientes». «O terminan en la cárcel o suicidados», lanza. «No hay muchas más opciones para el adicto que es pobre», indica Susana, quien asevera que las cosas están en «foja cero».

Otro punto es la reinserción laboral del adicto recuperado para lograr sortear la estigmatización. «El municipio les podría dar trabajo en los puestos de verano, como en los balnearios», analizó.

 

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